martes, 12 de abril de 2011

EL ROTO.

sábado, 9 de abril de 2011

LA MAFIA DE LONDRES (THE FIRM)

THE FIRM





Dave Courtney lleva la cabeza completamente afeitada, luce al cuello una pesada cadena de oro y viste un impecable traje negro combinado con una camisa blanca almidonada.

Su apariencia es tan perfecta que parece de película, un malo de mentirijilla. Pero es verdad: este tipo de 42 años y sonrisa Profidén ha matado, extorsionado, acuchillado, pegado y robado. Es un gánster auténtico. Uno de los integrantes de La Firma, el equivalente británico de la Mafia italiana.

A la izquierda Mickey "diente de oro", después de un combate ilegal, sin guantes, bajo los efectos del "venom", una droga que "te vuelve tan agresivo que no puedes hablar a tu compañera o cualquier persona a la que quieras por lo menos hasta un par de horas después de haberla tomado".
A la derecha Courtney posa delante de su coche, un Rolls Royce, en cuya matrícula puede leerse "Bad boy", chico malo.
"Bueno, ya no soy un gánster", aclara Courtney nada más empezar a hablar. "Cuando lo eres no puedes ir por la vida llamando la atención, no se puede ser una estrella. Debes intentar pasar lo más desapercibido que puedas. Y, sinceramente, a mí eso no me va. La verdad es que lo que yo siempre he deseado ser es lo que soy ahora, un ex gánster, para así poder hablar abiertamente de todo lo que he hecho. En cualquier profesión, si uno hace bien su trabajo, si es futbolista y mete un buen gol, si es arquitecto y levanta un edificio increíble, le gusta poder pregonarlo a los cuatro vientos. Pero cuando eres un criminal y haces bien tu trabajo, te tienes que morder la lengua, no puedes ir por ahí presumiendo de que has sido tú quien ha dado tal o cual golpe. Pero a mí, cuando hago algo bien, me gusta que la gente lo sepa. Y la única manera de poder hacerlo era retirándome de la vida criminal activa". Courtney es tan gentil y considerado que, antes de encenderse un pitillo, pregunta: "¿Le molesta si fumo?". Acto seguido, empieza a relatar, entre bocanada y bocanada de nicotina, algunas de sus proezas. "Sí, maté a un hombre y no me arrepiento de ello. El tipo quería matarme a mí. La verdad, fue una suerte enorme poder saberlo de antemano. Generalmente, cuando alguien te quiere liquidar, no te enteras hasta que oyes el boom del tiro en tu cabeza. Pero yo tuve la suerte de saber anticipadamente que el tipo me andaba buscando. En una situación así, sólo puedes hacer tres cosas: huir (y ése no es mi estilo), rezar para que falle el disparo (tampoco es ése mi estilo) o adelantarte a él. Y eso es lo que hice. Me preparé una buena coartada, salí en su busca, le encontré, le disparé y le maté". El desparpajo con el que habla de sus golpes es pasmoso. "¿Qué quieres que te diga? No me arrepiento de haber matado, aunque tampoco me siento orgulloso. Pero el tipo aquél era una asesino y me quería liquidar. Si volviera a ocurrir, haría lo mismo, volvería a matarlo", dice mientras recoge del suelo un muñeco de peluche que su hija pequeña ha dejado tirado.
"¿Qué quieres que te diga? No me arrepiento de haber matado, aunque tampoco me siento orgulloso. Pero el tipo aquel era un asesino y me quería liquidar. Si volviera a ocurrir, volvería a matarlo"
Pero lo más alucinante es que, amparado en el propio sistema judicial británico, Dave Courtney puede ir contando al mundo entero que ha matado a un hombre sin que el peso de la ley caiga sobre él. "Ya me juzgaron por ese crimen una vez y me declararon inocente", afirma con una sonrisa de satisfacción. "Cuando, después del asesinato, la policía vino y me preguntó si había sido yo el responsable de esa muerte, habría podido decir perfectamente que no, que no había sido yo. Pero como soy así de chulo le dije a la pasma: `Sí, claro que le he matado yo'. Me juzgaron pero, ya te digo, me había preparado muy bien el crimen y me declararon inocente. Como en este país no te pueden juzgar dos veces por el mismo delito, ahora ya lo puedo decir con toda tranquilidad: lo hice yo".

No es ésta la única muerte que Courtney lleva sobre su conciencia. "También me cargué a otro tipo en Holanda", admite sin el más mínimo embarazo. Y, tras darle un último sorbo a su taza de té, se dispone a narrar una más de sus aventuras. "Fui a Holanda acompañando a un jefe con mucho dinero que tenía que hacer allí cierta transacción. Nada más llegar a Holanda me olí que algo andaba mal. Yo procuro mantenerme sereno, más aún cuando trabajo, y no me gusta pasarme con el alcohol ni tomo drogas, pero los tipos estos de Holanda estaban intentando emborrachar al jefe, venga a darle de beber, venga a llevarle mujeres y más mujeres, lo que de entrada me pareció bastante sospechoso. Mi jefe tenía que efectuar un pago por el envío de una determinada mercancía a un tercer país, pero antes de soltar la pasta necesitaba recibir una llamada de sus socios confirmándole que había llegado el género. Recibimos la llamada, con la clave que indicaba que todo había salido bien, pero después de todo lo anterior, ya sabía que allí había gato encerrado. Se lo dije al jefe delante de los otros, le dije que algo iba mal. Entonces, uno de ellos sacó una pistola y disparó contra mi jefe, y la pared que estaba justo detrás de él se llenó de sangre y de restos de cerebro". Courtney hace una pausa estratégica y prosigue. "Entonces, el tipo volvió el arma contra mí, pero yo le esperaba y disparé antes. Era un tío de unos 40 años, un capo de la cocaína que vivía en Holanda y que estaba metido en negocios bastante sucios: hacía snuff movies (películas que contienen torturas y asesinatos reales) y cosas así. No era un buen sujeto. Lo más increíble es que recuerdo perfectamente cómo, justo en el instante antes de dispararle, pensé: `Uno de nosotros no va a ver a su esposa esta noche'. Ni siquiera sé si el menda aquel tenía o no esposa, pero es lo que pensé. En disparar un arma se tarda sólo una fracción de segundo, pero te juro que al que empuña la pistola ese instante se le hace eterno. Lo ves todo como en una película a cámara lenta".

Bernie Davies, en el centro y rodeado de "sus chicos", es otro de los miembros de "La Firma". Abandonó su trabajo en la mina y empezó a trabajar como portero de discoteca en 1984. En la cara interior de su labio inferior lleva tatuado "vete a la mierda".
Sólo una vez, en su larga carrera criminal, este gánster de fría mirada azul ha sido condenado por alguno de los muchísimos delitos que ha cometido. "Ocurrió una Nochevieja hace muchos, muchos años", recuerda Courtney con su voz cascada por el tabaco, el alcohol y los excesos de la vida nocturna. "Mi hermano pequeño entró en un restaurante chino e hizo un pedido de comida para diez personas. Al cabo de un rato, un camarero le trajo lo que había solicitado, pero servido en platos. Mi hermano le indicó entonces que el pedido era para llevar. Pero el camarero le contestó que en Nochevieja no aceptaban pedidos para fuera del restaurante. Él, que sólo tenía 14 años, se negó lógicamente a pagar por la comida y, entonces, cinco camareros chinos la emprendieron a golpes contra él. Cuando consiguió zafarse de ellos, fue a buscarme al pub y me contó lo que había ocurrido. No me lo pensé dos veces y me encaminé rápidamente al restaurante chino", cuenta en plan héroe vengador. "Iba solo y entré en el local sin saber a cuántos hombres me iba a enfrentar", continúa. "Había un par de camareros, un chef, un cocinero... Uno de ellos se me encaró con un cuchillo enorme en la mano, y otro me amenazaba con una sartén de aceite hirviendo. A partir de ese momento, todo transcurrió para mí a cámara lenta. Era como una película de acción ralentizada, incluso podía escuchar la música. Me enfrenté primero al tipo de la sartén, que acabó volcándose sobre sí mismo el aceite. Luego me las vi con el del cuchillo, al que arrebaté el arma, volviéndola contra él y contra los otros chinos que intentaron atacarme. Me cayeron tres años y seis meses de cárcel por aquella nochecita".
"No ha habido nadie tan recto, tan temeroso de Dios ni tan opuesto al crimen como mi padre y mi madre. Y ya ves cómo les salí. Estaban desesperados conmigo, pero no podía hacer nada"
Dave Courtney está convencido de que, genéticamente, estaba predestinado a salirse del recto camino de la honradez. "No esperes de mí que te cuente que me convertí en gánster porque en mi barrio no había zonas verdes, porque la clase de mi colegio estaba masificada, porque mis padres eran pobres... No. Es algo que llevas dentro. Lo mismo pasa con las mujeres. Si eres una zorra, da igual que trabajes en la Bolsa o que seas camarera de un club nocturno: una zorra es una zorra. Da igual cómo se vista, no importa si habla como una pija o en plan macarra. Yo nací malo. Nada habría cambiado si mis padres hubieran sido ricos o si me hubiera dedicado a cualquier otro trabajo: de haber sido policía, habría sido uno cabrón, de haberme ganado la vida como futbolista, habría sido de ésos que pegan patadas al contrario cuando el árbitro no mira. No depende de la educación: no ha habido nadie tan recto, tan temeroso de Dios ni tan opuesto al crimen como mi padre y mi madre. Y ya ves cómo les salí. Estaban desesperados conmigo y yo me sentía muy mal sabiendo que sufrían por mi culpa. Pero no podía hacer nada", dice encogiéndose de hombros.

Él, sin embargo, apechuga hasta las últimas consecuencias con su tesis determinista. Casado dos veces y padre de seis criaturas, asegura que no tendría inconveniente en que alguno de sus hijos se dedicara al crimen. "No me importaría pero, desde luego, me sorprendería. Mis hijos son los niños menos propicios a convertirse en gánsteres que hay en el mundo. Los críos de aquel señor de enfrente deben pensar que la vida de un gánster es emocionante, pero mis hijos saben de verdad cómo es. Me han visto herido, en la cárcel, sentado en el banquillo de los acusados, han visto cómo me daban una paliza, han visto llorar a su madre... No tengo que decirles cómo es la vida de un gánster, ellos ya lo saben. Pero, como creo firmemente que uno nace bueno o malo, si viera que alguno tiene una inclinación especial hacia el crimen, lo que desde luego no haría sería perder el tiempo diciéndole que no se metiera en ese mundo. Y, una vez se convirtiese gánster, le pediría que fuese el mejor, que hiciera su trabajo con honor, con dignidad, con ética y con clase", concluye retocándose el cuello de la chaqueta.Haciendo de Robin Hood. Desde luego, considera que él fue un noble y digno ejemplo de su profesión. "Empecé cobrando deudas, un trabajo que, la verdad, me parece muy fácil de justificar, porque tiene una vertiente muy romántica, muy a lo Robin Hood. Imagínate: un tipo le pide prestado a otro un dinero, pongamos 80 mil libras, y luego no se las devuelve. El que soltó el dinero acude a mí y me ofrece 26 mil, si consigo recuperar los 80 que le deben. Lo que le haga al sujeto que no paga la pasta se lo tiene merecido por ladrón, por no devolver el dinero que ha pedido prestado. Al principio iba de puerta en puerta por las casas de los morosos, recordándoles a puñetazos que tenían una deuda pendiente. Gracias a mi esposa, aprendí a ser más listo. En vez de liarme a guantazos y a gritos, esperaba a que el sujeto que tenía la deuda se metiera en la cama junto a su mujer y se quedara dormido. Entonces, a las cuatro de la madrugada, me colaba en su casa, me acercaba a su lecho, le despertaba y le explicaba, en voz baja y de forma educada, que si no pagaba el dinero que debía, me volvería a ver y que las cosas no iban a ser entonces tan suaves. La inmensa mayoría de las veces, la mujer del tipo se ponía a gritar histérica pidiéndole a su marido que me pagara de una vez por todas", se vanagloria Courtney soltando una risotada enorme.

El ex gánster Courtney se divierte con una de las invitadas a sus juergas nocturnas en el barrio elegante de Mayfair, Londres.
El ex mafioso asegura, sin embargo, que buena parte del extenso historial criminal que se le atribuye no es más que pura leyenda. "No he estado metido personalmente en muchas peleas a tiros aunque, por supuesto, he visto a cientos de personas disparar. Cuando estás en una posición de poder, como la que yo llegué a tener, te acaban endosando muchos crímenes que no son tuyos. Y no hay más remedio que aguantarse", dice con gesto de resignación. "Si estás al frente de una banda de gánsteres, tienes que asumir tanto los honores como los deshonores de muchas acciones que, en realidad, no te corresponden. Por ejemplo, cuatro de mis chicos salen una noche a un club, se lían en una pelea y alguien termina muerto. La gente no dice que Bob, Pete, Charlie y Steve se dejaron caer anoche por aquí y liaron una buena, no. La gente lo que dice es que los muchachos de Courtney se han cargado a un tipo", advierte el boss. "Y, por supuesto, no he tenido nada que ver con lo ocurrido. He estado esa noche viendo la tele", señala Courtney. "A la mañana siguiente, daba la cara por mis chicos, hablaba con la gente de la banda del tipo asesinado, les pedía disculpas... Y la verdad es que no se me da mal hablar, el mejor arma que tiene un gánster es su lengua, y la mía me funciona bastante bien. Una lengua mata más gente que una pistola", dice alguien que sabe bastante de asesinatos y muertes. Dave Courtney es uno de los criminales cuya imagen ha sido captada por la cámara de Jocelyn Bain Hogg, el reportero, autor de las fotografías de este reportaje, que durante meses ha retratado a algunos de los más notables integrantes del crimen organizado británico. El resultado es un libro visualmente estremecedor titulado The Firm, donde se puede ver a varios de los principales mafiosos británicos en sus juergas nocturnas, junto a sus esposas, con sus amantes, en un viaje a Tenerife, a la salida de un juicio... Pero aparecer ahí no es nada del otro mundo para alguien como Dave Courtney, autor de dos libros (una autobiografía y otro sobre la vida nocturna londinense) y acostumbrado a ver sus andanzas en la pantalla grande. "En Lock and Stock, la película de Guy Ritchie, el marido de Madonna, Vinnie Jones me interpretaba a mí", afirma orgulloso. "Pero creo que mal. No digo que sea un mal actor, pero yo soy más auténtico haciendo de Dave Courtney, ¿no?", dice riéndose de su propio chiste.

Vida de película. Se jacta de hablarse de tú a tú con directores como Ritchie o Tarantino. "Cuando estaba rodando Snatch. Cerdos y diamantes, Ritchie vino un día a mi casa y, en el jardín de atrás, mis chicos desfilaron ante él y escogió a algunos. Si necesitas a tipos de aspecto duro para el papel, que no van a tener que decir ni una línea del guión, ¿por qué coger a un actor pudiendo tener a gánsteres de verdad? Además, así te ahorras dinero en cortes de pelo, en vestuario y demás, porque los chicos son auténticos, así que no tienes que gastarte un duro en disfrazarlos". Lo que realmente le tiene sorbido el seso es la idea de que Quentin Tarantino pueda hacer una película basada en su vida. "El año pasado nos reunimos tres veces en Hollywood. Me contó que quería hacer una película sobre mí. Le dije que me parecía estupendo y que me encantaría interpretarme a mí mismo. Pero Tarantino me explicó que dudaba mucho que alguien que fuera a invertir millones de dolares en un largometraje quisiera que el papel protagonista lo interpretara alguien que no fuese un buen actor. No es que yo sea el mejor actor del mundo, pero te juro que hacer de Dave Courtney se me da de puta madre. Por eso estoy haciendo ahora una en la que me interpreto a mí mismo: para demostrarle a Tarantino que yo soy el tipo que necesita para encarnar a Dave Courtney". Como suena: el gánster está ahora mismo rodando su propio filme, una película en la que es director, guionista y actor principal. "Mi esposa interpreta a mi esposa, mis amigos hacen el papel de mis amigos, el taxista es un taxista auténtico, las putas son putas de verdad y la pistola que empuño es mi pistola. La historia no es real, pero los personajes son verdaderos. La estoy haciendo yo solito, sin ayuda de nadie. Y estoy completamente arruinado", confiesa. "Sacaba más pasta cuando era gánster que ahora. Pero la motivación que tengo para seguir alejado del mundo criminal activo es que sé que una película puede dar más dinero que un robo a un banco. Por eso he hipotecado mi casa y he invertido todo el dinero que tenía. Una película que, te digo yo, irá al Festival de Cannes", asegura.
Quizá el filme sirva para reivindicar una especie en vías de extinción: los mafiosos de antaño. "No corren buenos tiempos para La Firma. El principal negocio ahora es el de la droga y, habiendo drogas de por medio, es imposible mantener el romanticismo de la profesión. El dinero que mueve es tal que no hay lealtad ni código de honor que se le resista. Hace unos años, uno podía decir en el colegio que su padre era ladrón de bancos y a los demás chicos les parecía casi respetable. Pero uno no puede ir por la vida diciendo a sus compañeros de clase que su padre es un traficante de drogas. Los traficantes tratan de lograr la clase que tenían los gánsteres de antaño, pero eso es algo que no se puede comprar. Los antiguos y genuinos gánsteres, al menos en este país, son ya parte de la Historia, como lo son los piratas o los vaqueros del Oeste".

jueves, 7 de abril de 2011

EURODIPUTADOS SE NIEGAN A VOLAR EN TURISTA Y CONGELAR SALARIOS Y DIETAS

Los miembros del Parlamento Europeo rechazaron ayer aplicarse a sí mismos medidas de austeridad similares a las que han aprobado varios Estados miembros para sus funcionarios o pensionistas. Así, se negaron a viajar en avión en clase económica en lugar de en primera, acumular dietas o congelar sus salarios en 2012. De los 42 eurodiputados españoles que participaron en la votación, tan solo cuatro se mostraron dispuestos a renunciar a sus vuelos 'business', todos ellos catalanes.
Los parlamentarios tumbaron varias enmiendas que reclamaban contención en el presupuesto de la Eurocámara para el año que viene presentadas por los Verdes y por Izquierda Unitaria. «No entiendo cómo hay aquí eurodiputados que no dudan en defender en nuestros países medidas de austeridad como reducción de salarios y pensiones, pero que cuando se trata de decidir sobre su propio dinero no se aplican esta austeridad», denunció el representante portugués de Izquierda Unitaria Miguel Portas, impulsor de la iniciativa. «No es normal que los eurodiputados que viajaron siempre en clase económica hayan pasado a hacerlo en primera clase desde que los vuelos se reembolsan contra presentación del billete y no por kilómetro», destacó.
La primera de las enmiendas -rechazada por 402 votos en contra, 216 a favor y 56 abstenciones- reclamaba modificar las normas sobre gastos de viaje «con el fin de establecer como regla general la compra de billetes de avión en clase económica para los vuelos de duración inferior a cuatro horas», tanto para los eurodiputados como para el personal del Parlamento. Incluso pedía excepciones en función de la edad y de la salud.
De entre los eurodiputados españoles, solo la popular Rosa Estarás, el convergente Ramon Tremosa, el representante de Iniciativa Per Catalunya-Verds, Raúl Romeva, y el de Esquerra Republicana, Oriol Junqueras, votaron a favor de viajar en clase económica. Izaskun Bilbao, del PNV, y la socialista María Badia se abstuvieron. El resto -17 parlamentarios del PP y otros 18 del PSOE, incluidos los jefes de filas, Jaime Mayor Oreja y Juan Fernando López Aguilar, además de Francisco Sosa Wagner, de UPyD- se opusieron a esta enmienda.
También fue derrotada una propuesta para «evitar, durante los días en que se efectúen los desplazamientos, la acumulación de las dietas diarias y la dieta de tiempo». La misma suerte corrieron sendas enmiendas que resaltaban que «el ahorro en el Parlamento debe empezar por sus propios miembros» y por ello llamaban a congelar en 2012 sus dietas y sus salarios.
Indignación en Twitter
La controvertida decisión desató una oleada de indignación en las redes sociales. En Twitter se creó la etiqueta #eurodiputadoscaraduras, que registró cientos de entradas a la hora y se convirtió en el tema del momento en España. Tal fue el impacto de la noticia, que obligó a reaccionar a los partidos. Elena Valenciano, del PSOE, y Rosa Díez, de UPyD, rectificaron la postura de los suyos, que la primera atribuyó a que la enmienda «estaba mal planteada, en el contexto de un informe no vinculante». Matizaba Valenciano, en todo caso, que los europarlamentarios socialistas tenían que haberse abstenido. Al cierre de esta edición, el PP guardaba silencio.
Sin novedad en el frente vamos...

domingo, 13 de marzo de 2011

HARTO DEL SISTEMA

Al menos se empiezan a ver vídeos de frustración por todos lados. A ver si esto explota por fin y nos movemos un poco la masa borreguil. No es un as explicándose, pero está bien informado y muestra lo que siente. Un ejemplo para el resto.



sábado, 12 de marzo de 2011

PERDER EL TRABAJO Y LA COBERTURA MÉDICA


“Me quedé blanco. Te enteras cuando ya lo tienes encima”. Quien habla es Ángel Gómez, 56 años, casado y con un hijo. Tras agotar los dos años de subsidio de desempleo, ahora ha sabido que se quedará sin cobertura médica. Es decir, sin Seguridad Social. Esta es la papeleta que se ha venido repitiendo para millón y medio de parados que no cobran ya subsidio alguno. La cuestión no es baladí: ¿se pierde la cobertura médica definitivamente?

El Confidencial ha planteado la pregunta a la Seguridad Social y la respuesta es afirmativa. Sí, pero tiene solución. “Se pierde porque agotada la prestación contributiva y asistencial por desempleo, disponemos de una cobertura de 90 días. Agotado este periodo, el afectado o afectada debe incluirse con un familiar con el que conviva y del que dependa económicamente”, explican. ¿Qué sucede si no existe ese familiar o si el afectado no reside ya en el domicilio familiar?

La fórmula para evitarlo

Ricardo Escudero Rodríguez, catedrático de Derecho del Trabajo y de la Seguridad Social de la Universidad de Alcalá, apunta cuáles son las opciones para evitar quedarse sin cobertura médica: “La primera es inscribirse como beneficiario en la cartilla de un familiar, pero si eso no es posible, el único paso que debe darse entonces es el de la solicitud de asistencia sanitaria por carecer de recursos económicos”.

Quien se enfrenta a este problema o se encuentra en esta situación ha de tener claro que “la asistencia por carencia de recursos es un derecho universalizado”. Ello significa que la persona que esté en paro y sin recursos económicos podrá acudir a los servicios de urgencias, pero no podrá ir a un especialista o tener asistencia ambulatoria. Para conseguir recuperar esa asistencia el paso que han de dar es acudir al Instituto Nacional de la Seguridad Social y demostrar o acreditar con documentos la falta de ingresos.

El decreto 10881989 de 8 de septiembre es el que regula y “reconoce el derecho a las prestaciones para los españoles que tengan su residencia en territorio nacional y carezcan de recursos económicos suficientes”. Para obtener el reconocimiento efectivo de ese derecho “los solicitantes habrán de acreditar las circunstancias económicas y familiares exigidas al carecer de protección sanitaria pública”. (*)

Es como convertirte oficialmente en pobre

Es puro trámite pero para algunos parados supone un trauma. Ángel lo ha sufrido en carne propia: “Al hecho de no encontrar trabajo y no recibir dinero, se suma el verte obligado a tener una tarjeta donde ya viene reflejado que no tienes recursos. Te dan la tarjeta sanitaria con otro número y a quien se la muestras ya sabe que eres una persona sin dinero; lo mismo sucede cuando te toca recurrir a los servicios sociales a pedir ayuda. Cuandohas trabajado toda tu vida y has traído la nómina a casa, jamás piensas que va a sucederte, relacionas los servicios sociales de tu ayuntamiento con gente muy necesitada y cuando te toca dar el paso y miras a los ojos a tu familia, es como convertirte oficialmente en pobre”.

El problema de la Seguridad Social es, por tanto, subsanable. Para el Secretario General de CCOO en Madrid, Javier López, “es un problema de la precariedad laboral, de contratos por días, por semanas, por horas. Si hay dos colectivos maltratados son el de las mujeres y los jóvenes. Es muy difícil poder alcanzar ya no sólo el número de años para jubilarse, sino el tiempo necesario para cobrar la prestación. Alcanzar períodos de cotización es la gran tristeza del mercado español, estamos condenando a una generación y al sexo femenino a no acceder ni a prestaciones ni a pensiones dignas. Las cifras reflejan lo que está sucediendo, los hombres en Madrid consiguen una pensión media de 1.040 euros y la mujer sólo llega a los 611. Ahora mismo es imposible cotizar períodos largos, y a la larga se generan menos derechos absolutamente en todo”.

El catedrático de Derecho del Trabajo, Fernando Eguidazu, opina que la cobertura sanitaria básica es anecdótica si se compara con el problema de fondo que pronto empezarán a sufrir además de los los cinco millones de parados, todo el conjunto de la masa laboral de este país. “La cobertura básica la tienen incluso los ilegales, los sin papeles. Como ya no cotizas ¿te mueres en la calle como un perro? No, eso no es cierto porque alcanza incluso a quienes no tienen papeles, con que más a un ciudadano español. El auténtico peligro está en lo difícil que va a ser cobrar una pensión”.

Los gobiernos recomiendan una y otra vez ahorrar e ir siendo previsores con los planes de pensión, sin embargo, “estando en paro o con unas circunstancias laborales precarias, si alguien cobra 1.000 euros al mes, paga la hipoteca, luz, teléfono, alimentación… a ver cómo saca dinero para ahorrar, es imposible”, señala Eguidazu.

Advierte, además, de dos importantes trampas: “el sistema actual de pensiones es bastante chapucero y alguno se llevará el disgusto de su vida porque hay que haber cotizado como mínimo 15 años, y de los últimos 15 al menos 2 seguidos, así que si has cotizado 30 años a lo largo de tu vida y por circunstancias dejas de trabajar antes, no servirá de nada haber cotizado tanto anteriormente, no cobrarás nada, cero euros. Por otro lado, si has cotizado 14 años, 11 meses y 29 años no es que no tengas derecho a una pensión pequeña, es que no tienes derecho a nada. Habría que pedirle al Gobierno una reforma de pensiones profunda y seria”.

En Suecia los ciudadanos pueden elegir si jubilarse jóvenes con poca pensión o mayores con más, hay fórmulas que ya se están aplicando en otros países y aquí, añade Eguidazu, “una pensión que se paga con un impuesto al trabajo es una burrada. Lo triste es que este tipo de reformas son antipopulares, no dan votos y ellos, los políticos van a lo fácil, entre otras cosas porque no estarán aquí para verlo”.

(*).- Teléfono de información de la Seguridad Social: 900 16 65 65.

martes, 8 de febrero de 2011

ZAS, EN TODA LA BOCA

Ayer ocurrió un fenómeno hasta ahora no conocido. El novelista Juan Gómez-Jurado, escritor de fama internacional, autor de las novelas Espía de Dios, Contrato con Dios y El Emblema del Traidor, puso a disposición de los lectores su primera novela en su cuenta de Twitter.

Gómez-Jurado, que en los últimos meses se ha expresado en favor del cambio al libro electrónico, y con una postura reacia a la Ley Sinde y a la demonización de las descargas, publicó un artículo controvertido titulado La Piratería no existe.

Poco después, como reacción, recibió una carta del ínclito Alejandro Sanz (ultra defensor de los derechos de autor y que está convencido de que la piratería y el hambre en África están relacionados), donde le instaba a tener huevos de poner su novela gratis.

Su propuesta ha sido ésta:

La respuesta ha sido enorme. En cuestión de horas, a pesar de la crisis, la incertidumbre, se han donado más de 4000 euros a Save The Children (que consten, sin contar anónimos), y no me quiero ni imaginar el número de descargas de Espía de Dios. Emocionante, maravilloso. Por fin algo diferente.

Descargar ‘Espía de Dios’ | aquí

Donar a Save The Children

LA PIRATERÍA NO EXISTE

Soy creador. Escribo novelas, y este –junto al periodismo- es mi único modo de vida. Mis dedos presionan medio millón de veces las teclas de este Mac, y como resultado se produce un archivo de texto que, una vez editado y corregido, se convierte en un libro que se traduce a decenas de idiomas. Mi familia y la hipoteca de mi casa dependen de mis derechos de autor. Según muchos medios de comunicación, y según muchos talibanes del todo gratis, eso me alinearía instantáneamente en las filas de los que defienden ese horror legislativo, falaz e inútil conocido como Ley Sinde, que se va a aprobar contra la voluntad de cientos de miles de ciudadanos.

Eso es mentira, y gorda.

Es una más de las que llevan apareciendo en los medios durante años, especialmente durante los últimos meses. Dicen que los españoles son piratas, que va en nuestra idiosincrasia, esa famosa picaresca tan tópica y desacertada como pintarnos a todos con el traje de luces y la paellera debajo del brazo.

Para empezar, es falso que España sea el país más pirata del mundo. De hecho en software, por ejemplo, ocupamos el puesto 79, según una encuesta de la BSA, y en cuanto al resto, los estudios de la International Intellectual Property Alliance achacan un nivel de “piratería” del 20%. ¿Cómo se conjuga eso con que haya que pagar el canon en el 100% de los casos?

Tampoco es real que la piratería esté matando el cine, cuya recaudación ha crecido a buen ritmo en los últimos diez años, al igual que el resto de contenidos. También es falso que yo tenga derecho a vivir de mi obra. Lo que tengo derecho es a intentarlo.

Sí, es cierto que las nuevas tecnologías hacen desaparecer el modelo de negocio basado en soportes físicos cerrados, lo cual es normal -también desaparecieron los fabricantes de carretas cuando Karl Benz inventó el automóvil-. No, no es cierto que las páginas de descargas tengan la culpa. ¿Acaso no es patente la incoherencia que existe por parte de la industria entre acusar a las páginas de descargas de “forrarse” y no intentar hacer lo mismo?

No defiendo las páginas de descargas, pues aunque sean legales no es justo que haya quien se aproveche del trabajo ajeno. Pero no son ellas la causa de todos los males, ni mucho menos quienes las usan ladrones y proxenetas, tal y como les llaman algunos -exiliados en Miami por causas fiscales-. Por cierto, para ellos el recordatorio de que para exigir al gobierno habría que empezar por pagar impuestos aquí como hacemos los demás.

El mayor problema que existe en el mercado en español es la ausencia de flexibilidad, de ganas de crecer y de adaptarse. En una palabra, y tal como Amador Fdez-Savater percibió en su cena con la ministra, sobreabundancia de miedo. Miedo a perder el status quo, la cadena alimenticia ante un cambio de paradigma. Y sin embargo tenemos ejemplos a nuestro alrededor de que si damos un paso adelante ocurrirá justo lo contrario.

Miremos a Estados Unidos, donde se han creado tres modelos de negocio impecables y de éxito abrumador. Kindle, iTunesy Netflix. El primero es una librería virtual que vende 775.000 títulos con precios en torno a los 7 euros para las novedades, mucho más baratos e incluso gratis para los libros de fondo de catálogo. Los libros se descargan en 30” con un solo clic en el propio dispositivo, que incluye 3G gratis. El segundo –único que opera en España- es, desde hace diez años, la referencia indiscutible en la música, habiendo vendido más de 10 mil millones de canciones. Y el tercero es un videoclub virtual con tarifa plana por 6 euros al mes. Para muestra de su éxito, baste decir que los mandos a distancia de los televisores que se venden en EEUU llevan desde 2011 un botón para acceder a Netflix de serie.

¿Qué tienen en común estos servicios? Lo más importante de todo es su sencillez. Una vez registrado en el servicio, no hay que hacer nada más. Los cobros se realizan por tarjeta de crédito, con total comodidad. Las descargas son instantáneas, y la calidad está garantizada. Las películas se ven en streaming, y están siempre disponibles. Los libros están editados por casas de primer nivel. La música no lleva protección anti copia, o DRM.

A esto hay asociado un factor precio, muy importante. Conscientes de que en la era digital la competencia es mucho más dura, los norteamericanos han buscado a la perfección el “sweet spot”, ese lugar donde interseccionan las ganas del consumidor de poseer algo rápido cuanto antes sin molestarse en buscarlo por Internet y obtenerlo con mala calidad, y la resistencia a soltar la pasta. En otras palabras, un precio justo. O sea, lo opuesto a lo que plataformas como Libranda –cuyo único objetivo, como señala Juan José Millás, parece ser no vender libros- están haciendo.

De nuevo, el miedo. DRM y precios altos. Que mis distribuidores no se enfaden. Que mi cuenta de resultados no se resienta. Que la gente haga lo que yo digo porque cierro los ojos muy fuerte y lo deseo mucho. Y si los consumidores tienen otras ideas… Que el gobierno proteja mis derechos inalienables, contra viento y marea.

En lugar de crear modelos de negocio funcionales, nos dedicamos a blindar el status quo con leyes absurdas, e insultar a nuestros mejores clientes. Llamarles piratas, sinvergüenzas y ladrones. ¿Quién creen ustedes que invierte 200 euros en un lector de ebooks, alguien que no lee? Al contrario, alguien que gasta tanto al año en libros que sabe que le acabará compensando la inversión. Y si no es capaz de encontrar contenidos interesantes de pago, los conseguirá por otras vías, con lo que de no conquistar a esta persona habremos perdido de un plumazo a un consumidor clave. Lo mismo sucede con los aficionados al cine y a la música, que llevan años haciéndolo así.

El mayor reto que tiene que superar la industria cultural en nuestro país es vencer el miedo y comprender que los piratas no existen. Tan sólo personas que quieren consumir cultura y que por desgracia hoy en día no encuentran alternativas razonables. Y a lo gratis sólo puede ganarle lo sencillo. Desde luego no leyes mordaza, retrógradas, que sirven tan sólo a los intereses de unos pocos.

Por último, una reflexión como creador. Nadie llega a crear nada que merezca la pena sin haberse empapado de los que soñaron antes que él. Alejandro Sanz, en ese barrio obrero de Moratalaz que nos vio nacer a Penélope Cruz, a él y a mí, tuvo que copiarse muchas casetes en su adolescencia, igual que yo me sentaba en un rincón en la FNAC de Callao los sábados por la mañana y leía por la cara decenas de novelas que me han ayudado a ser el escritor que soy. Vivimos el advenimiento de un cambio de modelo que está dando como resultado la era más luminosa de la humanidad, y ahora mismo hay centenares de adolescentes en nuestras calles que llevan dentro de si el potencial para ser los cantantes, los escritores y directores del mañana. Ellos también están descargando. No paréis nunca de hacerlo, ni de soñar. Y a quienes soñamos primero, os digo: dejad de tener miedo y abrazad el futuro de una vez por todas.

5 propuestas para el crecimiento digital

  1. Creadores, abrid los ojos. Aprendamos nuestros derechos y las opciones disponibles para monetizar nuestro esfuerzo, que no son siempre las tradicionales. Internet es, ante todo, nuestro mayor portal de exposición, y el mayor mercado del mundo. Y aquellos que navegan por él no son ladrones, sino personas como nosotros, tan dignas como nosotros aunque su trabajo brille menos que el nuestro.

  2. Ejecutivos de la industria, estudiad los modelos que funcionan. No infravaloréis a vuestro público. No deis cosas por supuestas. La España de pandereta ya no existe. Vuestra nueva audiencia es el ciudadano digital, y este no tiene el toro encima de la tele, entre otras cosas por que es extraplana, ya no cabe. Buscad economías de escala, mejor vender cien mil copias a un euro que mil copias a diez. Y por encima de todo, no compliquéis las cosas intentando que no copien. Lo harán igual, pero si es difícil lo que no harán será comprar.

  3. Consumidores, tened presente que copiar no es robar, pero también que hay alguien detrás de los productos que nos hacen felices. Hay un escritor detrás de los libros, y todo un elenco detrás de una película. Si es posible y hay una alternativa sencilla a un precio razonable, cómprala. Mientras lo permita tu economía, opta por lo original. Y por favor, no digas que una película o un libro son caros para luego bajar al bar y tomarte tres mojitos a 5 euros cada uno.

  4. Políticos, cread programas para ayudar a los autores a monetizar sus contenidos. Incentivad la creación de modelos de negocio novedosos. Luchad contra el IVA del 18% en las descargas, contra leyes como el precio único. Reformad la ley de la Propiedad Intelectual desde cero. Abolid el canon digital.

  5. Para todos, no insultemos. Intentemos ponernos en el lugar del otro, pues en la actual tesitura todos tienen parte de razón. Y sobre todo, escuchemos, debatamos y reflexionemos. Que no nos cuelen más mentiras y gordas.

Juan Gómez-Jurado (Madrid, 1977) es periodista y escritor. Pasó por las redacciones de Canal +, ABC, Cadena SER y la Cadena Cope. El éxito internacional de sus novelas (Espía de Dios, Contrato con Dios y El Emblema del Traidor), traducidas a más de cuarenta idiomas, le han llevado a centrarse en su carrera como narrador. Hollywood prepara ya la adaptación de su segunda novela

viernes, 4 de febrero de 2011

MITOS INFUNDADOS, ¿SÓLO USAMOS EL 10% DEL CEREBRO?


Existe una falacia que oí muchísimas veces cuando era niño, y sigo oyendo de vez en cuando (a veces en los medios de comunicación). Como tantas otras, se resiste a morir, a pesar de no tener ningún sentido: Utilizamos sólo un 10% de nuestro cerebro.

Resonancia magnética del cerebro
Resonancia magnética de un cerebro humano.

Hay varias razones por las cuales esto es absurdo, de modo que vayamos parte por parte. En primer lugar, ¿qué quiere decir “el 10% de nuestro cerebro”? ¿De la masa cerebral, o de nuestra capacidad potencial? En cualquiera de los dos casos (y se oyen por ahí ambas versiones del mito) la afirmación no tiene sentido.

Pensemos, en primer lugar, en la versión más “científica” de la teoría: que utilizamos el 10% de nuestra masa cerebral. Esto quiere decir que podríamos funcionar de manera idéntica a la que funcionamos ahora si se retira un 90% de nuestra masa encefálica. Claro, habría que saber qué partes retirar, puesto que no querríamos quitar parte del 10% que sí usamos, ¿verdad? Pero no hay un solo experimento – ni uno – en la historia de la neurocirugía en la que un paciente haya funcionado de manera similar a la normal con el 10% de su masa cerebral…pero vamos, ni de lejos. Con el 10% de tu masa cerebral, si sigues vivo, no eres ni la sombra del ser humano que eras.


Pero es posible tener un cerebro del 10% de la masa del tuyo que siga manteniendo sus funciones fundamentales…por ejemplo, el de una oveja. Pesa el 10% del tuyo y es capaz de realizar funciones básicas, pero decir que es igual al de un humano (o que podría serlo, si entrenamos a la oveja para que lo use y se saque un doctorado) es mucho decir – desde luego, tampoco hay ningún experimento que lo demuestre. Ya sé que no son comparables, pero si aparece una oveja con un doctorado en matemáticas, me como el sombrero.

La segunda versión de la Falacia afirma que lo que utilizamos es el 10% de nuestra capacidad potencial. Mucha gente asocia esto a lo paranormal: el potencial de la telepatía, la telecinesis y otras maravillas está en nosotros, pero como sólo usamos el 10% de nuestra capacidad cerebral, no somos conscientes de ello. Esto me recuerda que tenemos que dedicar alguna entrada a esos asuntos.

Lo realmente frustrante no es que sean falso: es que quién las sostiene no tiene ni la más pequeña prueba científica de que sea cierto, ni mantiene una postura racional. Es más bien una emoción o una creencia, y no hay manera de argumentar algo que los convenza de lo contrario. Pienso que tiene que ver con un sentimiento de “Puedo mejorar mucho más, puedo crecer y usar una mayor parte de mi cerebro”, lo cual no está mal en ese sentido.

En cualquier caso, esta versión del “10% de la capacidad potencial”, además de no haber sido probada por nadie, es absurda.

En primer lugar, pensemos en la evolución. El ser humano tiene un cerebro (y por lo tanto, una cabeza) tan enorme comparado con el cuerpo que tiene que salir del útero mucho antes de estar listo para sobrevivir sin mucha ayuda. Otros animales alargan la gestación, de modo que salen del seno materno “listos para la acción”…pero si el feto creciese más dentro de la madre, la enorme cabeza no podría salir. No vas a ver a un bebé humano nacer y, a los pocos minutos, salir corriendo como un ñu.

¿Por qué razón íbamos a evolucionar hasta ese estado si no fuera rentable evolutivamente? Piénsalo: una especie desarrolla un enorme cerebro que pone en peligro la vida del feto y la madre en el nacimiento, y fuerza al recién nacido a salir al mundo sin estar preparado para que su cabeza pueda salir de la madre….¿para utilizar un 10% de su capacidad? No tiene sentido.

Además, si nuestro cerebro dispusiera de capacidades tan gigantescas (un 10% de la capacidad significa que podríamos utilizar 10 veces más de la que utilizamos), ¿por qué razón no se han manifestado en los cientos de miles de años que nuestro cerebro ha sido tan grande? ¿Qué sentido evolutivo tendría que una especie tuviera enormes alas que no sabe usar y que hacen del parto algo mucho más peligroso, pinzas que no sabe cerrar pero que suponen un inconveniente enorme en otro aspecto… o enormes partes de su cerebro que dificultan el parto y la supervivencia y, al mismo tiempo, no se usan?

Pero es que, además, es facilísimo probar hoy en día qué porción de nuestro cerebro usamos. Una simple TEP (Tomografía por Emisión de Positrones), una prueba de medicina nuclear, pone de manifiesto lo que pasa en realidad: aunque algunas funciones simples sólo usan pequeñas partes del cerebro, otras (como, por ejemplo, tocar la guitarra) utilizan la gran mayoría de las neuronas. Y si sumas las que se utilizan para todas las acciones que realizas en tu vida diaria…pues sí, utilizas prácticamente todo el cerebro, como es lógico por todas las razones que hemos expuesto anteriormente.

¿Dónde empezó esta teoría del 10%? No es en un momento determinado, pero sí en una época determinada: alrededor de finales del siglo XIX y principios del XX, cuando la psicología y la neurología eran jóvenes. Hubo algún científico (como Karl Lashley) que retiró parte del cerebro de ratas y no observó cambios en su comportamiento, y dedujo que esa parte del cerebro no se utilizaba. Otros, que creían en “potenciales desconocidos” de la mente humana, se subieron al tren de la Falacia y, al final, como siempre pasa con estos mitos, a pesar de no tener la mínima base científica y de ser absolutamente falsa, se extendió hasta estar por todas partes, desde anuncios hasta libros de parapsicología.

De modo, querido lector, que puedes ir a mirarte al espejo y contemplar la (comparativamente) enorme cabeza que hay sobre tus hombros, y estar orgulloso de usar prácticamente todo lo que hay dentro.

jueves, 3 de febrero de 2011

UN DÍA EN EL CAIRO

El avión llega casi vacío. Los pocos pasajeros que cubren el trayecto Abu Dhabi-El Cairo son casi todos egipcios: algunos son hombres de negocios preocupados por sus intereses, otros padres de familia desvelados por saber cómo están su esposa e hijos. También está Mohamed Shawky, un activista que decidió abandonar hace tres días su beca en la Universidad de Columbia (Nueva York) para unirse a sus compañeros en la plaza Tahrir.

"Puede que pierda la beca, pero no podía quedarme allí. Nos hemos puesto en contacto muchos amigos por Internet, algunos llegarán desde Londres, otros desde París. La verdad, no sé qué puede ocurrir, no reconozco a mi propio pueblo". Mohamed simboliza la esencia de la revolución que ha puesto contra las cuerdas un régimen enquistado desde hace décadas: es joven (29 años), tiene formación universitaria, pocas perspectivas de trabajo en Egipto y ha explotado su rebeldía a través de Internet.

Cuatro de la mañana en el aeropuerto internacional de El Cairo. Decenas de pasajeros esperan que acabe el toque de queda en la cafetería. Otros se aventuran a tirarse a la noche, guiados por taxistas improvisados, que se arriesgan a cambio de cinco veces el precio original de la carrera. "Los parásitos de la revolución", los llama Mohamed. Juntos abandonamos, poco antes del alba, la terminal de Llegadas. Quiere pasar por casa de su hermana para dejar la maleta y cambiarse de ropa antes de ir a la plaza.

En el camino atravesamos todo tipo de check-points: militares con los cañones del tanque apuntando al infinito, grupos de adolescentes armados con espadas, cuchillos de cocina, hierros, adultos encapuchados, etcétera. Se alza una nueva barricada de ladrillos y ruedas cada cien metros. Muchos grupos de vigilantes, acurrucados alrededor de una hoguera, nos permiten pasar sin más, levantando el brazo en señal de aprobación. Otros exigen ver los documentos y fisgonean en las maletas. Siempre con una sonrisa en los labios y sin demostrar hostilidad. Se supone que están ahí para proteger sus barrios de los saqueos, de los cientos de presos que se han escapado de las cárceles, pero también para controlar el avance de los partidarios de Mubarak.

El mundo al revés

“¿Están ahí para eso?”. Mohamed consulta con el taxista, pero no llegan a una conclusión. "Ya no sabemos quién es quién. Es un caos absoluto", le responde. En la puerta de la casa de Mohamed hay otro "check-point". Pero esta vez parecen ser rostros conocidos. Son sus amigos del barrio. Se abrazan y sube a ducharse, mientras el taxista y yo nos sentamos con los guardianes del barrio. Son seis. El mayor tiene 26 años y habla inglés a la perfección. El más pequeño cuenta con 15 años.

"Vamos a matar a Mubarak", dice un muchacho delgaducho que sostiene una hachuela, haciendo el gesto de degüello con el dedo. Nadie se lo toma muy en serio. De hecho, el mayor, Ahmed, lo corrige: "Estamos intentado echarle del Gobierno, pero la preocupación es lo que puede venir después. No lo sabe nadie. Entre los manifestantes hay mucha desunión. Es un gran lío". Un coche se acerca y dos muchachos se levantan para hacer su trabajo. Piden la identificación al conductor, que resulta ser militar, en uniforme nada menos. Entrega su documento sonriendo. "El mundo al revés", comento. "El mundo al revés", admiten todos riendo.

Salimos de allí, nos acercamos al centro. Fuera y dentro del taxi, el ambiente se enrarece a medida que nos acercamos a la plaza. Nuevos “check points”, pero esta vez sin sonrisas. Tipos duros, expeditivos con las formas: registran a empujones cada rincón de las bolsas, nos examinan. Son parte del cordón de seguridad de los amotinados, pertrechados con armas ligeras. Empieza a escucharse el gentío, cristales rotos, adoquines impactando en el suelo y algunos tiros.

Mohamed habla sin parar por un teléfono móvil que le ha dado su hermana. Está en contacto con amigos que siguen en la plaza.

-Me dicen que ha habido tiros ahora. Tres muertos.

-¿Quién ha disparado? ¿A quién?

Se encoge de hombros. Pasado un puente, bajo un scalextric, nos obligan a detener el coche, golpeando con las palmas abiertas sobre el motor. "Hasta aquí puedo llevaros", dice el taxista nervioso. Pagamos y nos saluda cariñosamente. Soldados y manifestantes se nos vienen encima inmediatamente. Quieren protegernos, nos dicen. "Si vas hacia la plaza con el extranjero, os convertís en objetivo, os masacran", le explican. Mohamed sigue empeñado. De todo esto me entero después, cuando dos soldados nos agarran de los hombros y nos obligan a dar media vuelta. La batalla campal se produce a pocos metros de allí. El Hotel Hilton, donde se encuentran la mayoría de los periodistas extranjeros, no anda lejos. Allí me encamino. "Yo me voy a la plaza", insiste Mohamed y después de intercambiar apresuradamente los teléfonos, nos despedirnos.

El caos es total en los alrededores. Mientras escribo esto, los matones de Mubarak llevan casi 20 horas atacando a los manifestantes. Lo han hecho a pie, a caballo, en camellos, con piedras, cuchillos, botellas y pistolas. Pocos dudan de que están pagados por el régimen.

El caos desatado está controlado desde arriba, con precisión aritmética. Buscan intimidar a la gente para que abandone las protestas. Con Omar Suleiman, ex jefe de la inteligencia, colocado en la vicepresidencia, el Faraón ha puesto en marcha la más sucia de las guerras para aferrarse al poder. En el camino van ya siete muertos y miles de heridos. Mientras, los militares permanecen casi siempre inmutables. Solo intervienen puntualmente, como un árbitro que tolera el juego duro. La policía y los antidisturbios parecen haber desaparecido.

Es como si hubiera un plan ordenado de crear caos de forma que la población desee el orden que garantizaba la tiranía. Para que los manifestantes, agotados, vuelvan a sus casas. Todo parece seguir una lógica. En un entorno teóricamente militarizado, se difunden rumores de asaltos y robos. La turba pro-Mubarak amenaza y golpea a los periodistas extranjeros si se los encuentra, pero después les dejan marcharse con un moratón y, a veces sin la cartera, la cámara o el teléfono.

"Muchos de mis amigos, los que están más implicados que yo, nunca se irán, porque, si se van, saben que irán a por ellos con una represión brutal después. No tienen ya nada que perder, así que se quedarán hasta el final", me había dicho Mohamed durante la espera en el aeropuerto. En estos momentos, está en algún lugar de la plaza Tahrir luchando, convencido, por la libertad de su pueblo.

Fuente: elconfidencial.com